Dos años antes de que Canarias se dividiera en dos provincias, los farmacéuticos de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura separaron sus caminos de los compañeros de las islas occidentales del Archipiélago. No fue un camino fácil, pues las presiones sobre la Adminsitración del Estado eran muchas.
No obstante, el empeño de una parte importante del colectivo y el apoyo de diferentes políticos y de la sociedad grancanaria, consiguió que, a través de Federico León y García, alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, se consiguiera la Orden de Concesión que permitía la creación de un nuevo colegio profesional.
Así, el 29 de diciembre de 1925, 24 farmacéuticos se reunieron en una botica junto a la Alameda de Colón porpiedad de Bartolomé Apolinario. Esta sería la primera Junta General del Colegio Oficial de Farmacéuticos de Las Palmas y, por tanto, el momento de su fundación.
En esa reunión fueron elegidos los miembros de la primera Junta de Gobierno. La Presidencia recayó en Bartolomé Apolinario, Juan Mañas se convirtió en secretario, Gaspar Meléndez fue nombrado tesorero y Federico León contador, mientras Juan Puig, Agustín Olózaga y Manuel Blanco fueron designados los vocales.
La primera mujer se incorporó un año después de la fundación del Colegio, María del Pino Suárez López, quien solicitó permiso para dispensar medicamentos en Telde.
En 1930 el número de colegiados era de 37, la cuota era de 15 pesetas.
En estos cien años, el compromiso del farmacéutico con la sociedad isleña ha sido inquebrantable, adaptándose a las necesidades sanitarias de cada momento, dando respuestas y jugando un papel activo en la mejora de la atención al paciente.
La Presidencia recayó en Bartolomé Apolinario, Juan Mañas se convirtió en secretario, Gaspar Meléndez fue nombrado tesorero y Federico León contador, mientras Juan Puig, Agustín Olózaga y Manuel Blanco fueron designados vocales. Sin embargo, apenas se dio lectura de este resultado, el contador se levantó y espetó que “de ningún modo” aceptaría el puesto y el secretario tampoco porque se lo impedían cuestiones “de orden íntimo”.
Hasta cuatro miembros dimitieron en ese momento, lo que generó una situación difícil de salvar, por lo que “habiendo dudas sobre si debido a estas renuncias el Colegio quedaba o no constituido” se levantó la sesión y se dio cuenta al delegado del Gobierno del Rey, para que resolviera. Por suerte, dio por constituido el Colegio y, a tenor de la legislación vigente, las excusas de los que alegaban imposibilidad para ejercer su cargo fueron desestimadas.
Superado este primer escollo, la prioridad del Colegio fue elaborar un reglamento interno que le permitiera comenzar a funcionar, para lo que se tomaron como referencia los de Sevilla, Madrid, Barcelona y Tenerife. Fue una “tarea dura, de pocas noches, cuatro o cinco, y trabajando hasta la madrugada”, dejó escrito Bartolomé Apolinario.
Entre las normas de este reglamento destacaba que ;las faltas de asistencia a la Junta General no justificadas se castigaban con multas que oscilaban entre cinco y veinticinco pesetas que tenían que ser abonadas incluso por el presidente.
Estas cuestiones internas no frenaron la actividad externa del Colegio, que no lo tuvo fácil cuando comenzó a lidiar la política de precios, principal problema del sector. Algunas farmacias alteraban los importes de venta, lo que dividía a los farmacéuticos y enrareció el ambiente hasta el punto de que la Junta de Gobierno intentó dimitir en varias ocasiones más.
No obstante, los encendidos debates que se formaron por este tema y la regulación de los turnos nocturnos, festivos y dominicales, así como el horario de apertura y cierre, quedaron rápidamente resueltos con la creación del Estatuto, que más adelante sirvió como modelo para la elaboración de el de otros colegios.
El subdelegado de Farmacia del Ministerio de Sanidad controlaba las boticas, herbolarios, droguerías, especieros, medicamentos y venenos, pero sus labores fueron poco a poco asumidas por el Colegio hasta que su figura desapareció en 1933.
Al año de su constitución se colegió la primera mujer farmacéutica de Las Palmas, María del Pino Suárez López, quien solicitó permiso para dispensar medicamentos en Telde. A los 5 años el número de colegiados era de 37, la cuota era de 15 pesetas y se tardaron 8 en poder adquirir la primera multicopista.
El primer presidente estuvo en el cargo cinco meses y regresó tras otros cinco presidentes, hasta que en 1936 lo sucedió Vicente López Socas, quien encabezó el colectivo durante un cuarto de siglo.
El Colegio cuenta hoy en día con 1200 colegiados, la multicopista ha dado paso a la entonces inimaginable Receta Electrónica, y las 19.300 pesetas de presupuesto de 1935 se han convertido con gran trabajo en 1,5 millones de euros y el voto secreto en mano alzada.
Las circunstancias, la economía, la mentalidad y en conjunto la sociedad han cambiado radicalmente, pero el espíritu de defensa de los intereses comunes se mantiene intacto.
Cien años del Colegio de Farmacéuticos de Las Palmas. (Pulsar en imagen para descargar publicación)
Farmacia y Sociedad
Cien años del Colegio de Farmacéuticos de Las Palmas
https://www.coflaspalmas.es/
Edición coordinada por Juan José Laforet
Textos
José Antonio Apolinario Cambreleng. Farmacéutico
Juan José Laforet. Cronista Oficial de Gran Canaria
Revista Crónicas de Canarias nº11 (2015)
Página web Farmacia La Vieja · https://farmacialavieja.com
La Voz de Lanzarote. Las tres farmacias centenarias de Arrecife
Fotografía
Archivo COFLP
Yiyo Espino
Colección Francisco Artiles
Archivo familia Mejías Pombo
FEDAC


