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«El Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos de la provincia de Las Palmas es una Corporación de Derecho Público, reconocida y amparada por el artículo 36 de la Constitución, con personalidad jurídica propia y autonomía estatutaria, dentro del respeto a las Leyes.
Su estructura y funcionamiento interno son democráticos, y están regulados por los estatutos y de acuerdo con la legislación vigente.
Para pertenecer al Ilustre Colegio Oficial de Farmacéuticos es requisito indispensable estar en posesión del Título de Licenciado o Grado en Farmacia.
La incorporación al Colegio es obligatoria para poder ejercer, en la provincia de Las Palmas, cualquier actividad profesional que esté amparada por el Título de Licenciado o Grado en Farmacia, salvo en los casos y con los requisitos previstos en las leyes. Para los que, aun teniendo dicho título, no ejerzan la profesión, la colegiación es voluntaria y podrán incorporarse voluntariamente al Colegio como Farmacéuticos Asociados, sin la condición de colegiados. (Extracto Artículo 1 y 2 de los estatutos BOC, 109 de 24 de mayo de 2011).»
La Presidencia recayó en Bartolomé Apolinario, Juan Mañas se convirtió en secretario, Gaspar Meléndez fue nombrado tesorero y Federico León contador, mientras Juan Puig, Agustín Olózaga y Manuel Blanco fueron designados vocales. Sin embargo, apenas se dio lectura de este resultado, el contador se levantó y espetó que “de ningún modo” aceptaría el puesto y el secretario tampoco porque se lo impedían cuestiones “de orden íntimo”.
Hasta cuatro miembros dimitieron en ese momento, lo que generó una situación difícil de salvar, por lo que “habiendo dudas sobre si debido a estas renuncias el Colegio quedaba o no constituido” se levantó la sesión y se dio cuenta al delegado del Gobierno del Rey, para que resolviera. Por suerte, dio por constituido el Colegio y, a tenor de la legislación vigente, las excusas de los que alegaban imposibilidad para ejercer su cargo fueron desestimadas.
Entre las normas de este reglamento destacaba que ;las faltas de asistencia a la Junta General no justificadas se castigaban con multas que oscilaban entre cinco y veinticinco pesetas que tenían que ser abonadas incluso por el presidente.
No obstante, los encendidos debates que se formaron por este tema y la regulación de los turnos nocturnos, festivos y dominicales, así como el horario de apertura y cierre, quedaron rápidamente resueltos con la creación del Estatuto, que más adelante sirvió como modelo para la elaboración de el de otros colegios.
El subdelegado de Farmacia del Ministerio de Sanidad controlaba las boticas, herbolarios, droguerías, especieros, medicamentos y venenos, pero sus labores fueron poco a poco asumidas por el Colegio hasta que su figura desapareció en 1933.
Al año de su constitución se colegió la primera mujer farmacéutica de Las Palmas, María del Pino Suárez López, quien solicitó permiso para dispensar medicamentos en Telde. A los 5 años el número de colegiados era de 37, la cuota era de 15 pesetas y se tardaron 8 en poder adquirir la primera multicopista.
El primer presidente estuvo en el cargo cinco meses y regresó tras otros cinco presidentes, hasta que en 1936 lo sucedió Vicente López Socas, quien encabezó el colectivo durante un cuarto de siglo.
El Colegio cuenta hoy en día con 1200 colegiados, la multicopista ha dado paso a la entonces inimaginable Receta Electrónica, y las 19.300 pesetas de presupuesto de 1935 se han convertido con gran trabajo en 1,5 millones de euros y el voto secreto en mano alzada.
Las circunstancias, la economía, la mentalidad y en conjunto la sociedad han cambiado radicalmente, pero el espíritu de defensa de los intereses comunes se mantiene intacto.






